Escucha aquí «Así nos va bien»

Entro en el portal a esa hora en que las cazuelas destapadas y los platos sobre la mesa desprenden el misterio del amor, de la vida, de las buenas costumbres, de las conversaciones en familia.

Empiezo a subir despacio, muy despacio para no perderme nada. Peldaño a peldaño.

Por debajo de la puerta del primero se escapan y me encuentran matices de la vida sencilla y apacible del campo. El tomillo y el romero se entrelazan en una danza que me acompaña piso a piso.

En el descansillo del segundo me esperan el verano, el sol y el bienestar de las vacaciones. La dulce y fuerte albahaca, la fresca y mentolada hierbabuena forman pareja y se unen al baile.

En la tercera planta me demoro y percibo a los bailarines fundirse en la armonía del último compás y ocupar, poco a poco, su lugar en una cajita blanca hecha de papel.

Abro la puerta de mi casa con calma, sin prisa y antes de entrar me quito las sandalias que, con sumo cuidado, coloco junto al jarrón de la lavándula. Cierro sin ruido.

Me dirijo sigilosa al salón con la cajita blanca de papel y allí está ella, como siempre a esta hora, sesteando en el sofá. Quiero pensar que esperándome. Tal vez. Sabe que me estoy acercando desde antes de poner mi pie en la alfombra del portal. Me ha seguido peldaño a peldaño, piso a piso. Deseo abrazarla y aspirarla, pero dormida no.

Ella decide cuando puedo acercarme. Hace ya tiempo que aprendí a respetar su espacio y sus normas y así nos va bien.

Descalza, de puntillas, me voy aproximando.

Cierto los ojos y me lleno de su aroma imperceptible. Huele a todo y a nada.  A todo lo que me evoca campo, sol, frescura, afecto independiente, misterio, equilibrio en mi hogar. Huele a nada, por su extremada y continua limpieza.

La cajita blanca de papel reposa abierta a su lado. Mi sonrisa la espera a la salida  del sueño mientras mi mano se desliza en el aire por el contorno de su cuerpo conocido. Se despereza. Me mira y sus profundos ojos verdes me dicen que ya tendré mi momento de juego. La sigo en su animado camino hacia la ventana. Se van con ella sus fragancias preferidas: el tomillo y el romero, la albahaca y la hierbabuena. Yo, inhalo y retengo su aroma imperceptible que huele a todo y a nada.

© Noemí Herbosa López

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1 comentario

Begoña Monge · 19/12/2023 a las 11:39

Delicioso!!
Un canto a esa compañía maravillosa que nos consuela.

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