Sentado en la calle empedrada con los adoquines que habían visto pasar tantas generaciones, las piernas cruzadas y las manos llenas de barro. La lluvia caía suavemente sobre mi cabeza, podía sentir el olor a tierra mojada mezclándose con el aroma del barro fresco.
Con mis dedos, moldeaba el barro hasta darle forma de barco. Podía sentir su textura suave y húmeda en mis manos, y el olor a tierra fresca se intensificaba a medida que lo trabajaba con la idea inocente de que podía hacerlo navegar.
De repente, tuve otra idea: ¿por qué no hacer un barco con una cáscara de nuez?, una cáscara de nuez vacía que guardaba en mi bolsillo de los pantalones de tela escocesa que tanto me gustaban. Ya me había fijado en mi hermano como él lo construía alguna vez en casa después de comerse aquellas nueces de olor y sabor amaderado que por su escasez resultaban tan apetitosas.
Con cuidado, coloqué una pequeña vela de papel dentro de la cáscara y la fijé con un poco de cera derretida. El aroma dulce de la cera se mezclaba con el olor a tierra mojada, creando una sensación única en mi nariz.
Finalmente, solté el barco en el canal que va entre la calle y la acera. El agua corría suavemente por debajo del pequeño navío, y lo seguí con la mirada hasta que casi desapareciera en la alcantarilla. Era toda mi felicidad recoger aquella nave antes de que llegara al abismo y no naufragara.
Nadie transitaba por aquella calle, pero yo estaba abstraído en mi mundo y solo tenía ojos para mi barco. De repente, escuché una voz detrás de mí: era mi hermano mayor, quien me había estado observando todo este tiempo. Él me sonrió y me dijo: ‘Eres un gran maestro constructor de barcos’. Me sentí orgulloso y feliz por su elogio.
A partir de ese día, pasé muchas horas construyendo barcos de diferentes tamaños y formas. Aprendí a dibujar y escribir como mi hermano mayor, y cada vez que hacía un nuevo barco, lo mostraba con entusiasmo a mi familia. Mi madre siempre decía que tenía un talento especial para crear cosas hermosas con mis manos.
Con el tiempo, dejé de hacer barcos de barro y de cáscaras de nuez. Pero nunca olvidé aquellos momentos mágicos bajo la lluvia, cuando podía sentir el olor a tierra mojada mientras daba forma a mis pequeñas embarcaciones. Aquellos recuerdos siempre estarán grabados en mi corazón como símbolos de creatividad e imaginación.

©Críspulo Antonio López

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2 comentarios

Alberto · 17/01/2024 a las 23:36

Entrañable, Antonio. Me gusta mucho tu relato, con un punto melancólico. Una forma de expresar lo vivido, los recuerdo que anhelan y que nos sitúan en el presente.

Marse · 09/01/2024 a las 19:24

Que lindo ha sido dejarse llevar por la corriente y ese barquito de cáscara de nuez como dice la canción.
Bonito y entrañable.

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