Estoy aquí sentado, imaginando que ya te cortaste el cabello y todo ha concluido, sin posibilidad de vuelta. Imagino tu rostro enmarcado por un flequillo, en equilibrio simétrico ante el portal de los ojos, y me da por pensar que tu mirada se eleva y me reconoce de nuevo

También es posible, porque en mi sueño todo es vano intento de recobrar tu imagen, que lo hayas liberado, desprendiéndote de ese broche que te compré aquella tarde de cine y novios.    

Y llamo a Marta para preguntarla. Y Marta comunica, o está fuera de cobertura. O no quiere contestar porque sabe que soy yo de nuevo. Se resiste a oír mis lágrimas, iguales a las de ayer. Busco en la memoria aquellos teléfonos olvidados y encuentro el de Luis. Dudo. Luis puede que no lo sepa, que aún no sepa de tu abandono. Y me viene a la boca un aroma amargo de excusa, mezclado con la vergüenza por preguntarle si ya te cortaste el cabello y todo ha concluido.   

Menudea el día en sus quehaceres, y vuelvo para la casa por el camino largo, ese que elegíamos para demorar la ausencia. Intentando encontrar la huella que dejaste al pisar un charco, ese día que me pareció más lento en mi esfuerzo por retenerte con la mirada, mientras apretabas el paso en la huida.

Me llego hasta La Alameda buscándote, y te veo como en un espejismo entre la bruma que forman mis ansias; quizás sólo voy marcando el breve paso de los que están aprendiendo a olvidar, implorando en otros rostros una pausa que sirva de alivio ante el recuerdo. 

En mi loco y tórrido  trayecto late un  resto del calor residual, de una fiebre por devorar el paisaje común, convertido en impar paso solitario sin posibilidad de vuelta; y que me lleva por fin hasta la puerta de la casa desierta de tus cosas, aunque no de ti, que aún revoloteas por la estancia.  Suena el teléfono. Es Luis quien habla. Apenas reconozco el tono tan olvidado del amigo. Y me cuenta de ti.  Pregunto si ya te cortaste el cabello, porque entonces todo estará concluido sin posibilidad de vuelta.  El silencio se espesa y algo en el timbre del amigo tiembla, al recordar con nostalgia, un broche que él también te regaló un día de cine y novios. 
                                                                                 © Purificación Minguez

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1 comentario

Elvira · 25/07/2023 a las 14:06

Delicado, sugerente, como un poema extendido al sol para secarse de la lluvia. Un gusto leerte, Puri.

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