A empellones el sol se hace sitio entre las nubes

y vencedor ilumina y calienta con pasión de sabio otoñal.

Más allá, los rosales ofrecen sus flores tardías,

se regalan, está en su “ser” ser agradecidos.

Mientras las parras ornan el verde

con sus hojas tostadas casi perdidas.

Dulce Pontes es la banda sonora para esta mañana de sol picante

promesa de tormenta vespertina.

Su ritmo acompaña a los cuerpos perezosos prestos a dejarse llevar

por ese calor que algodona y mulle los huesos,

librando al corazón del cansancio antiguo.

La despierta, con ojos de niño ladrón de manzanas y uvas del vecino, y le ofrenda zumos sagrados de frutas recién cogidas.

No se dicen nada. El “te quiero” flota en el aire de esta mañana de otoño sereno y urgente como su deseo.

© Loli G. García

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