“Música de fondo de “Only Time de Enya”, tras ella se escuchan las voces de Sergio Laguna e Iván Sánchez.”

– Llega la noche mis queridos radioyentes, las luces de las calles se iluminan acompañando a la redondita luna que asoma entre la famosa Puerta de Europa, y contrarrestando con el silencio de nuestro estudio se encuentra una de las calles más transitadas de Madrid, pero amigos, el silencio se ve acompañado en este caso por nuestra primera llamada, ¿verdad Iván?

– Pues si Sergio, tenemos la primera de nuestras llamadas en antena, ¿Quién es nuestro radioyente que necesita esta noche compañía y buena conversación?

– Hola buenas noches, me llamo Claudia -se escuchó una voz tímida y escondida.

– Hola Claudia, ¿tú eres nueva en nuestro programa verdad? -dijo Iván.

– Bueno, nueva en el sentido de que es la primera vez que llamo, pero no la que os escucho.

– Ah bueno, eso está bien, significa que te gusta nuestro programa pero nunca has necesitado contarnos un problema como normalmente hacen nuestros radio-oyentes –dijo Sergio.

– Bueno Sergio, problemas o que se sienten solos, porque para eso es nuestro programa, para aquellas personas solitarias en la vida, o que desean contar su problema a alguien que les escuche y para eso nosotros somos los primeros –comentaba Iván con su sonrisa siempre en los labios.

– Pues, bueno, yo cumplo ambas condiciones, me siento sola y mi problema es que no tengo problemas con nadie porque estoy sola.

– ¿Sola porque quieres o por circunstancias de la vida Claudia? -dijo Iván en tono dudoso.

– Por mi (se hizo un gran silencio, las tres voces quedaron apagadas por segundos).

– Claudia, puedes hablar libremente, este programa está para eso, nadie te va a juzgar, -comentaba Sergio tiernamente.

– Por mi forma de ser, siempre fui tremendamente tímida, me he ido cerrando a todo el mundo y a la vida yo sola, y así me veo ahora, sola.

– Claudia, te has atrevido a llamar a un programa de radio donde todo el mundo te está escuchando, eso ya es un gran paso -dijo Sergio en tono de más confianza.

– ¿Gran paso?, pero si os llevo escuchando meses, y tan solo me he atrevido a llamaros hoy.

– ¿Y porque hoy?- se extrañó Sergio-, ¿qué ha pasado en especial hoy en tu vida?

– Pues, quizás la navidad, ver como las gentes se agolpan para comprar regalos, decorando sus casas y preparando cenas con familias y amigos, y yo me veo sola, sin nadie a quien regalar.

– Bueno Claudia, no es por animarte, pero créeme, hay muchísima gente que está rodeada de familiares o amigos y odia la navidad por ser algo tan mundano –decía Sergio intentando realmente animarla.

– Si pero yo siento el espíritu navideño y sin embargo no tengo con quien compartirlo.

En ese momento Sergio e Iván se quedaron mirando, y de nuevo un silencio se adueñó de la antena y como si ambos hubiesen cruzado sus pensamientos.

– Bien Claudia, escucha, tengo una idea, el día veintitrés haremos un programa especial antes de la Navidad, y te puedo decir y creo que hablo también en nombre de Iván que estas invitada a nuestro programa aquí en los estudios, ah, y te aseguro que habrá regalitos y champagne, lo celebraremos por todo lo alto, no te puedes negar.

– Efectivamente, lo corroboro, quedas oficialmente invitada –dijo Iván.

Nuevo silencio interrumpido por un sonido que delataba que Claudia se había emocionado y derramaba alguna lagrima por sus mejillas.

– ¿Claudia, tranquila vale?, ¿vendrás entonces no?

– Gracias, gracias, sí que estaré allí, gracias, ¿os puedo comprar algún regalo?

– Jaja, si claro, si te hace ilusión por supuesto, será un bonito recuerdo

–dijo Sergio sonriendo.

– Ay vale, gracias, os lo agradezco mucho, estoy muy ilusionada.

– De nada guapa, aquí nos vemos el veintitrés, ¿cuídate vale? –le dijo Iván despidiéndose.

– Si, si, lo haré, hasta el veintitrés.

– Pues ya veis chicos, aquí estamos intentando regalar sonrisas, palabras y momentos felices, y todo sin cargo alguno.

– Bueno Sergio, sin cargo alguno no, que hay que pagar las copas y los regalos, jaja

– Bueno Iván pero un día es un día y serán momentos especiales.

– Por cierto, quien quiera puede venir hasta llenar el aforo que es bien pequeñito, jaja

– Si, si, pero todos a la vez no, jaja.

Y nuestros amigos Sergio e Iván continuaron atendiendo llamadas de los. radioyentes y como siempre con la dulce melodía de Enya acompañando en antena, pero de nuevo suena una llamada, era Claudia pero esta vez mas agitada

– Buenas noches queridos o queridas radioyente, Iván y Sergio de nuevo a tu lado.

– ¡Chicos, soy Claudia, estoy muy asustada, me están persiguiendo!

– Claudia, ¿dónde estás?, ¿quién te persigue? –dijo Sergio extrañado.

– Estoy en la boca del metro y voy para casa, es una especie de vagamundo, y creo que va borracho porque va tambaleándose.

– Bueno tranquila Claudia, ¿habrá más gente no? –dijo Iván tranquilizándola.

– No, estoy sola, esto parece una pesadilla, no hay nadie y me persigue como si fuera mi sombra.

– Claudia, que no note que vas asustada, cuando salgas de la boca de metro métete en algún bar hasta que desaparezca y si no lo hace llamas a la policía y le dices donde estas –le comentaba Sergio.

– Pero….en mi calle, los bares que hay no los conozco, no sé.

En ese momento Sergio se dio cuenta de que estaban en antena, vio en el localizador de llamadas el número del cual llamaba Claudia, tomó nota e intentó. salir de antena.

– Bueno Claudia, discúlpanos un momento, debemos dar paso a la publicidad, vuelve a llamarnos si tienes algún problema –comentó Sergio.

– Vale, como queráis (esta vez contestó temblorosa y aterrorizada).

Y mientras Iván ponía unos consejos publicitarios dándose cuenta de lo que su compañero quería hacer, Sergio llamó a Claudia pero esta vez lógicamente fuera de antena, no quería convertir la situación de Claudia en un mero entretenimiento morboso para ciertos radioyentes.

– ¿Quién es?

– Claudia, soy yo Sergio, tranquila que estamos fuera de antena, he dejado

a Iván al cargo, y estoy solo contigo ahora, dime, ¿sigue tras tuya?

– Si, voy a meterme en un bar que hay aquí en una esquina, aunque no me

gusta, no hay nadie, solo está el camarero, pero voy a entrar.

– Bien, ahora dime que hace él y sobre todo dime si te está oyendo hablar conmigo.

– No, que va, llevo puestos los auriculares, no uso el móvil.

– Dígame joven, ¿Qué va a tomar? (dijo el camarero con aspecto más desaliñado que el vagabundo que la perseguía).

Pero Claudia se puso tan nerviosa que se le habían caído los auriculares, ya no podía escuchar a Sergio, aunque Sergio si la podía escuchar aun a ella, pero al camarero parecía no oírle, tan solo estaba pendiente de si le seguían o no, pero mala suerte para ella el supuesto sujeto pasó también al bar.

– Por favor, tiene que ayudarme, ese hombre me persigue (dijo casi en susurros al camarero).

– Mire joven, a mí no me meta usted en líos, si necesita ayuda váyase a otro bar, yo soy un hombre muy ocupado, y mi bar no es una ONG.

– Pero, por favor (dijo esta vez mas aterrorizada, que nunca, casi abalanzándose al camarero).

– Mire, señorita, como acabe con mi paciencia no respondo de que usted sea mujer.

Claudia dudaba si corría más peligro con el camarero o con el hombre que la perseguía y salió corriendo del bar como una niña pequeña a la que le han pillado robando, corrió calle arriba pero no corría sola, le seguían pasos firmes tras ella, en ese momento al seguir hablando se dio cuenta que se le habían caído los auriculares, y se los volvió a colocar.

– Sergio, ¿estás ahí?

– Si Claudia por dios, he oído la conversación, ¿estás muy lejos de tu casa?

– No Sergio, volviendo la esquina ya estoy, pero me da miedo que no me deje entrar en casa o la fuerce.

-Vamos a ver Claudia, ¿sigue ahí?

– ¡Si, antes iba corriendo y el tras de mí también, luego he frenado y también lo ha hecho, me voy a volver loca! –con tono desesperado.

– Vamos a ver Claudia, voy a llamar a hora mismo a la policía, dime exactamente dónde vives y tu número de teléfono por si tienen que ponerse en contacto contigo.

– Si, Hortaleza veintitrés, primero B y mi número es.

– Espera, tu número ahora me lo das fuera de las líneas.

Claudia facilitó su número fuera de línea.

– Muy bien, te corto la llamada y les llamo ¿vale?, enseguida estoy contigo.

En ese momento Claudia ya se encontraba en la puerta de su casa, abrió el bolso y cogió las llaves con tan mala suerte que cayeron al suelo, al agacharse a cogerlas junto a ellas estaba la sombra del hombre que la perseguía, fue levantándose poco a poco hasta llegar a apreciar el aliento a whisky de aquel hombre, el corazón parecía salirse de su pecho, le dolía, le oprimía y cuando ya no podía ni respirar sacó el ultimo palmo de fuerza que le quedaba para empuñar las llaves y abrir la puerta de su casa, y como si un huracán fuera pasó tras ella aquel hombre pegando casi cuerpo con cuerpo, clavándole los ojos de tal manera que parecía hipnotizar a Claudia, llegando a acorralarla en la pared que daba al salón, ahí ya no podía correr, llamar a Sergio o moverse, tan solo dejar a la deriva el destino de sus ojos que en aquel momento eran para aquel hombre, y cuando sus manos no tenían otra salida que arañar de impotencia la pared que había tras ella se escuchó tras el aroma intenso a whisky el balbuceo de unas medio palabras

– Deme todo lo que tenga.

Al otro lado de la ciudad Sergio intentaba ponerse en contacto con la policía…

– ¿Pero cómo quiere usted que vayamos a ayudar a esa mujer si no hay indicios de pelea?

-¿Indicios? ¿Quieren que les llame cuando este en urgencias?

– Esta bien, no se ponga así, daremos un garbeo y nos asomaremos a la dirección que usted nos diga.

– Sí, claro, tomen nota, Hortaleza veintitrés, primero B, es la dirección que dijo ella donde vivía.

– ¿Hemos oído bien, Hortaleza veintitrés, primero B?

– Sí, claro, ¿Qué problema hay?, (Sergio notó en la policía un tono extraño).

– Pues…, ¿y dice usted que era una joven la que llamó y que responde al nombre de Claudia?

– Si, por favor, ¿me pueden decir que ocurre?

– Vamos a ver, ¿me puede facilitar el número de la señorita?

– Si claro, 689.574.867

– Bien, un segundo, voy a realizar una llamada a comisaría, ahora le llamo.

– No, por favor, no puedo esperar, ¿qué ocurre?

– Pues, una cosa que a mi compañero y a mí nos está dejando algo que no sabemos ni cómo reaccionar.

– ¿Pero qué es? ¿No pueden decirme nada?

– Si, se lo diremos en unos minutos, por favor, tenga paciencia.

Iván continuaba en antena, mientras Sergio volvió a llamar a Claudia, pero esta vez su teléfono no daba ninguna señal, ni tono, ni si quiera cuando están apagados o fuera de cobertura, era como si ese teléfono no existiese, volvió a mirar el número que se había quedado grabado antes en antena, pero ya no estaba grabado y aprovechando que Iván había puesto unos anuncios…

– Qué diablos pasa aquí Iván, se ha borrado el número de antena de

Claudia, están todos los de los demás oyentes menos el suyo.

– ¿Y tú como sabes cuál es el suyo?

– La llamé antes en privado desde el móvil, ¿lo recuerdas?

– Pues dale a rellamada en tu móvil.

– Que gracioso, es lo que he hecho, y me da como completamente desconocido, como si yo mismo me lo hubiese inventado.

– Pues qué raro, ¿y qué ha pasado?, ¿está bien?

– No, no está bien, la seguía el tipejo ese, y la colgué para hablar mientras con la policía, la he perdido la pista Iván, no sé cómo estará.

– Vamos a ver, ¿la policía ha ido o no?

– No lo sé Iván, algo muy raro pasa y no lo han querido decir aun.

– ¿Raro? ¿Como cuando de raro?

– Lo suficientemente raro como para que ahora mismo yo me vaya a comisaría, han dicho que con los datos que yo les he dado llamarían a comisaría, por lo visto se estaban quedando muy extrañados esto no es normal Iván.

– ¿Y qué vas a conseguir con ir a comisaría?, ¿quién te crees que eres tú para que te den datos?

– ¿Entonces qué hago?

– Sencillamente da tiempo, espera que te llamen con lo que sea, aun así, tenemos su dirección, al terminar el programa nos acercamos a su casa y a la policía, ¿vale?

– Dios, que fácil lo ves todo, yo no tengo paciencia para eso, no puedo lo siento, ¿cubrirías mi puesto?

– Sabes de sobra que sí, anda venga ve.

– Gracias compañero, te debo una.

– Si, me debes una nochecita entera para mí, fuera de antenas y de radio, que tengo ganas de quemar Madrid, jaja

– Menos lobos compañero, jaja, venga me marcho, luego te llamo y te cuento.

– ¿Si no acudes pido rescate? (dijo en tono burlón mientras levantaba una ceja)

Y Sergio marchó hacia su coche, pero mientras arrancaba el coche su móvil sonó

– ¿Si?

– Buenas noches de nuevo, le llamo de comisaría.

– Si por favor dígame

– ¿Tendría inconveniente en pasarse por nuestras oficinas?, hay algo que queremos enseñarle.

– ¿Por comisaría? ¿Pero qué ha pasado con la chica?

– Sobre ese mismo tema queremos hablarle, le esperamos en comisaría de Javier del Quinto s/n en el distrito de Hortaleza.

Y hacia allá se fue Sergio, como en un sueño, empujado por una fuerza desconocida, algo raro estaba pasando a su alrededor, en algún embolado se estaba metiendo él solito, pero él era así.

– Hola buenas noches, me han llamado hace un momento, soy Sergio de

“Radio Amigo”.

– Un momento por favor, (comunicándose por teléfono con el comisario), si pase, le están esperando…

– Gracias.

En el despacho del comisario donde además de éste se encontraban los dos agentes con los que habló por teléfono.

– Siéntese Sergio, lo va a necesitar.

– ¿Qué ocurre?

– Usted asegura haber hablado esta misma noche con una señorita llamada Claudia, que vivía en Hortaleza veintitrés, primero B.

– Si claro, todo está bien.

– Por favor, si no le importa describamos un poco la conversación conella.

– Pues, nos llamó a la radio a eso de las diez, era la primera vez que llamaba, se sentía muy sola decía, era muy tímida, introvertida, vivía sola, y bueno siempre nos había escuchado, pero jamás se había atrevido a llamar salvo aquella noche, de hecho nos causó tanta impresión su soledad que la invitamos el día veintitrés a nuestro programa, de hecho le prometimos incluso un regalo, y bueno ahí termino la primera parte, pero al poco tiempo nos volvió a llamar, esta vez bastante agitada, alguien la perseguía, tal vez un borracho, drogadicto, tampoco aclaró muy bien quién era, y bueno le aconsejé que se metiera en un bar del barrio donde vivía y pidiese ayuda al camarero, ahí no pude escuchar muy bien la conversación porque debieron caerse los auriculares, oí tan solo un poco al camarero como enfadado, y ya cuando se los volvió a colocar marchaba para su casa y según me comentó el tipo éste le pisaba los talones en su propia puerta, ahí fue cuando les llame a ustedes por teléfono.

Dicho eso Sergio tan solo pudo ver una cosa, las caras de los dos agentes y el comisario petrificadas.

– Échele un vistazo a esto por favor, (enseñándole un expediente), esta chica desapareció hace esta noche exactamente un mes, se llamaba Claudia, vivía sola en Hortaleza veintitrés, en el primero B, en el trabajo apenas se relacionaba por lo que pudimos investigar, era tímida, ausente, introvertida, la encontraron en su casa tirada en el suelo, tenía las llaves aún en la mano como si acabara de entrar en ese momento, según declaraciones del forense tuvo un ataque cardíaco que más tarde supimos los motivos, un camarero de su zona nos comentó que la vio esa misma noche por su bar, se acordaba perfectamente pues tan solo estaba ella y un borracho que no paraba de mirarla, el ataque cardiaco debió ser debido a que él quizás la persiguiera hasta su casa, encontramos poco después sobre un mueble de su habitación un diario, en el que tan solo hablaba de su programa de radio favorito, “Radio Amigo”, su única compañía por las noches, según relataba en su diario su mayor ilusión era perder la timidez y conseguir llamar un día a la radio y ser escuchada por ellos y su mejor regalo

pasar una noche de Navidad en su programa.

– Pero, ¿todo eso ocurrió hace un mes?

– Si, tal día como hoy.

¿Magia?, ¿misterio?, el poder de la radio, el poder del acercamiento a las personas, intercambios de sentimientos, intercambios de vidas, intercambios de este mundo y otros mundos, nunca subestimemos el poder de la radio, algo más que una simple antena.

                                                                                           © Mª José Sobrino Simal

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